NADA

La noche esta tranquila y casi en silencio, siento una intrigante tranquilidad que me rodea, que me cubre como una manta mística cargada de energías que no son ni malas ni buenas. El sabor del tabaco en mi boca se funde con el humo, que de apoco desaparece en medio del viento. Es una noche fría y a pesar de que solo llevo puesto una polera y un corta vientos, no tengo frío pero si puedo sentir mi cuerpo helado, no me molesta y lo disfruto. Al mirar mis manos mientras escribo en el teclado, veo que están rojas casi moradas, maltrechas, por el trabajo. Hoy es sábado muchas personas a esta hora deben estar con sus amigos, o quizás hablando por teléfono organizando un asado o fijando la hora para encontrarse y salir a bailar. Muchas personas también deben estar bajo los puentes compartiendo algo de licor barato para apalear el frío. Familias, personas solas, vagabundos, evangélicos hablando por su Dios en las esquinas, borrachos a punto de ser asaltados por una jauría de cogoteros, putas en las esquinas fumando un cigarro tras otro, parejas de enamorados caminando abrazados sintiendo que la vida es hermosa, una quinceañera leyendo a Neruda. En este preciso momento las personas siguen sus vidas, viviendo lo que ellos forjaron y yo estoy mas congelado aun escribiendo para vaciar un poco mi mente. No he dormido durante treinta y tres horas, no siento sueño, no quiero dormir y tampoco quiero estar despierto. Siendo yo el dueño de mi vida creo estar en el legítimo derecho de sentirme en este momento nada. La nada misma que nadie recuerda, que a nadie le quita el sueño, la nada que a nadie le pertenece
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